No tiene cerebro. Tampoco nervios ni neuronas. Y aun así, una pequeña esponja marina parece capaz de prepararse para algo que todavía no ha sucedido.
Investigadores de la Universidad de Queensland estudiaron a Amphimedon queenslandica, una especie cuyas larvas pasan una parte de su vida nadando antes de fijarse definitivamente a una superficie.
Durante esa transición ocurre una metamorfosis que transforma por completo al organismo.
Los científicos descubrieron que la puesta del sol funciona como una señal anticipada para preparar ese cambio.
Incluso antes de encontrar el lugar donde quedará adherida, la larva comienza a realizar modificaciones en partes de su ADN después del atardecer.
Experimentos anteriores habían mostrado algo todavía más extraño: cuando las larvas no experimentaban la puesta del sol, podían dejar de asentarse incluso aunque encontraran condiciones adecuadas.
Eso significa que un animal sin sistema nervioso utiliza cambios ambientales para anticipar eventos futuros y preparar procesos biológicos complejos.
El estudio aporta nuevas pistas sobre cómo podían responder al entorno algunos de los animales más simples y antiguos mucho antes de que evolucionaran cerebros complejos.






