Una carrera de Fórmula 1 puede durar alrededor de dos horas. Sus efectos sobre una ciudad pueden sentirse durante semanas.
Madrid vive uno de los ejemplos más llamativos.
La llegada del Gran Premio provocó que algunos alquileres temporales de lujo alcanzaran incrementos de hasta 1,000 por ciento respecto a una semana normal.
En otras palabras, determinadas propiedades llegaron a ofrecerse por hasta 10 veces su precio habitual.
El fenómeno no se concentra únicamente alrededor del circuito. La demanda se trasladó a zonas exclusivas como Salamanca, Chamberí, Chamartín y Jerónimos.
La razón está en el perfil de una parte de los aficionados que viajan siguiendo la Fórmula 1: visitantes internacionales con alto poder adquisitivo que prefieren hospedarse en zonas céntricas y, en algunos casos, aprovechan el viaje para explorar inversiones inmobiliarias.
Una firma especializada reportó incluso visitas programadas de inversionistas procedentes de diferentes regiones del mundo.
La Fórmula 1 se convierte así en algo mucho más grande que una carrera: hoteles, restaurantes, alquileres y propiedades terminan entrando también a la competencia por captar a los miles de visitantes que siguen al campeonato alrededor del planeta.






