Que un jefe diga groserías durante una reunión puede parecer una forma de mostrarse relajado, auténtico o cercano con su equipo.
Pero no todos lo interpretan de la misma manera.
Una investigación realizada con 5 mil 660 empleados de 19 países analizó cómo reaccionan los trabajadores cuando sus supervisores utilizan palabrotas de manera frecuente.
En términos generales, los participantes mostraron menor satisfacción con los jefes que utilizaban lenguaje vulgar constantemente.
Sin embargo, los resultados cambiaron según la personalidad de cada empleado.
Personas con determinados rasgos relacionados con menor empatía reportaron incluso una mayor satisfacción con sus líderes cuando estos utilizaban más groserías.
El país también hizo una diferencia.
En sociedades con mayores niveles de desigualdad, entre ellas México, los trabajadores tendieron a interpretar las palabrotas de los superiores de manera más negativa.
Una posible explicación es que, en entornos donde las jerarquías tienen mayor peso, ese lenguaje puede percibirse menos como cercanía y más como una demostración de autoridad.
Eso significa que usar groserías no vuelve automáticamente a un jefe más auténtico ni más cercano.
Al final, la forma en que habla un líder puede influir en algo tan básico como las ganas de seguir trabajando con él.






