Un fósil de aproximadamente 324 millones de años terminó siendo algo diferente de lo que los científicos habían pensado durante décadas.
El ejemplar había sido clasificado previamente como un crustáceo, pero un nuevo análisis permitió identificar características que modificaron su posición dentro de la historia evolutiva.
Entre sus rasgos más llamativos aparece un cuerpo equipado con 24 patas.
La investigación lo coloca cerca de etapas importantes en la evolución de los artrópodos que terminarían adaptándose a la vida terrestre.
El caso también demuestra que los fósiles almacenados en colecciones científicas pueden seguir produciendo descubrimientos muchos años después de haber sido encontrados.
Nuevas técnicas de análisis permiten revisar ejemplares antiguos y encontrar detalles que pasaron inadvertidos para generaciones anteriores de investigadores.






