Para muchas personas, el día no empieza hasta que aparece una taza de café. Pero hay un detalle que puede cambiar por completo lo que esa bebida aporta al cuerpo: tomarlo con o sin azúcar.
El café negro, sin azúcar ni crema, es una bebida muy baja en calorías. De acuerdo con Harvard, una taza de café negro de 8 onzas contiene apenas alrededor de 2 calorías, pero al agregar azúcar, crema o leche entera, el aporte calórico puede subir rápidamente.
Además, el café contiene antioxidantes y compuestos naturales que han sido estudiados por sus posibles beneficios para la salud. Harvard señala que el consumo moderado de café, aproximadamente de 2 a 5 tazas al día, se ha asociado con menor probabilidad de enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedades del corazón, Parkinson y algunos tipos de cáncer.
El problema no siempre es el café, sino lo que se le agrega. Una taza cargada de azúcar todos los días puede convertir una bebida casi sin calorías en un hábito que suma azúcar extra a la dieta sin que muchas personas lo noten.
Tomarlo sin azúcar también puede ayudar a que el paladar se acostumbre al sabor real del café. Al principio puede sentirse más amargo, pero con el tiempo muchas personas comienzan a distinguir mejor sus notas, aroma e intensidad.
Otro beneficio está en el control de calorías. Mayo Clinic explica que una taza de café preparado tiene menos de 5 calorías y no contiene grasa, pero al añadir extras como azúcar, jarabes o crema, también se agregan más calorías.
Eso no significa que el café sea una bebida milagrosa ni que todos deban tomarlo igual. En algunas personas, demasiada cafeína puede causar nerviosismo, ansiedad, acidez o problemas para dormir. Mayo Clinic también advierte que, en personas con diabetes, la cafeína puede afectar de forma distinta el manejo de la glucosa.
La clave está en la moderación. Tomar café sin azúcar puede ser un cambio sencillo para reducir el consumo diario de azúcares añadidos y aprovechar mejor las cualidades naturales de esta bebida.
En otras palabras: no se trata de dejar el café, sino de dejar de convertirlo en postre todos los días.






