La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo cotidiano de millones de personas, pero las reglas dentro de muchas empresas no avanzan a la misma velocidad.
Casi la mitad de los trabajadores reconoce utilizar herramientas de IA de formas que pueden incumplir las políticas internas de sus organizaciones.
Entre los principales riesgos está introducir información empresarial, documentos internos o datos sensibles dentro de plataformas externas sin conocer cómo serán procesados.
El fenómeno también incluye empleados que utilizan herramientas no autorizadas porque les permiten trabajar más rápido o automatizar actividades repetitivas.
Para las compañías, el problema ya no consiste solamente en decidir si permiten o prohíben la IA, sino en establecer qué información puede utilizarse y cuáles herramientas cumplen con sus estándares de privacidad.
La expansión de esta práctica muestra cómo la inteligencia artificial se está incorporando a los centros de trabajo incluso antes de que muchas organizaciones tengan políticas suficientemente maduras para regularla.






