Europa enfrenta nuevamente el impacto de temperaturas extremas que están modificando desde actividades cotidianas hasta la manera en que las ciudades preparan sus espacios públicos.
Diversas regiones han tenido que reforzar medidas de prevención ante episodios de calor intenso, especialmente para proteger a los sectores más vulnerables.
Los adultos mayores, niñas y niños, personas con enfermedades crónicas y trabajadores expuestos al exterior se encuentran entre quienes enfrentan mayores riesgos.
El fenómeno también está impulsando cambios urbanos.
Ciudades europeas han comenzado a ampliar zonas con sombra, fuentes, espacios verdes y refugios climáticos donde la población puede permanecer durante las horas de mayor temperatura.
Los episodios de calor extremo han aumentado además la presión sobre sistemas eléctricos debido al uso de equipos de refrigeración.
A ello se suman posibles afectaciones al transporte, la agricultura y los recursos hídricos.
La adaptación al calor se ha convertido así en uno de los desafíos urbanos que distintas ciudades europeas deberán enfrentar con mayor frecuencia durante los próximos años.







