Una campaña de Halloween convirtió las formas de Cheetos Torciditos en cinco criaturas: un lobo, el monstruo del lago Ness, un jinete sin cabeza, un ser escondido bajo la cama y una horda de zombis. La idea parte de las siluetas irregulares del producto y juega con la posibilidad de encontrar figuras en ellas.
Las historias usan recursos clásicos del terror, como las sombras y el suspenso, pero rematan con un giro humorístico: el supuesto monstruo resulta ser una botana. La producción mezcla animación stop motion y acción real para dar vida a las microhistorias.
La campaña también salió de la pantalla con proyecciones nocturnas en zonas de la colonia Roma, en Ciudad de México. Así, sus personajes aparecen en las calles y trasladan la estética de los videos a espacios cotidianos.
Se trata de una acción promocional de la marca, pero su formato puede llamar la atención de quienes disfrutan las campañas de temporada hechas para compartirse en redes. El contraste entre terror y humor sostiene la propuesta: tomar una silueta inesperada y convertirla en el inicio de una pequeña historia.






