Durante décadas, entrar a determinadas profesiones significaba comenzar haciendo las tareas más repetitivas.
Revisar documentos, organizar información, construir modelos sencillos, preparar presentaciones o realizar investigaciones básicas eran parte del aprendizaje de empleados junior.
La inteligencia artificial está comenzando a automatizar precisamente ese tipo de trabajo.
El cambio resulta especialmente visible en sectores como finanzas, consultoría, derecho y tecnología, donde herramientas generativas pueden procesar información y producir borradores en minutos.
El beneficio para las empresas parece evidente: menos tiempo dedicado a tareas rutinarias.
Pero aparece un problema inesperado.
Si las máquinas realizan el trabajo que antes servía para entrenar a los recién llegados, las organizaciones tendrán que encontrar nuevas formas de desarrollar experiencia profesional.
La discusión ya no gira únicamente alrededor de si la IA reemplazará empleos completos.
También está cambiando la estructura interna de algunas profesiones y obligando a replantear qué debe aprender una persona durante sus primeros años de carrera.
La paradoja es interesante: una herramienta diseñada para hacer más productivos a los expertos también podría transformar el camino que permite convertirse en uno.







