El observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA reingresó a la atmósfera terrestre el 4 de noviembre, después de casi 22 años en el espacio.
La misión fue diseñada para detectar estallidos de rayos gamma, explosiones de alta energía que pueden originarse a enormes distancias de la Tierra. Sus instrumentos también permitieron observar otros fenómenos cósmicos.
Swift estaba planeado para durar alrededor de dos años, pero continuó operando mucho más tiempo. Esa vida extendida permitió reunir una gran cantidad de información que ahora forma parte del archivo de la misión.
Aunque el telescopio ya no observa, sus datos seguirán disponibles para equipos científicos. El cierre de la misión marca el fin de un observatorio que superó ampliamente las expectativas iniciales.






