El Tyrannosaurus rex habría mantenido una temperatura corporal cercana a la de los seres humanos. Un estudio estimó que el depredador alcanzaba un promedio de 36.3 grados Celsius.
Para obtener la medición, los investigadores analizaron el esmalte de tres dientes fosilizados mediante una técnica basada en la agrupación de isótopos de carbono y oxígeno.
Esas señales químicas funcionan como un registro de la temperatura presente cuando se formaron los dientes. Los resultados fueron comparados con restos de cocodrilos encontrados en el mismo sitio.
La diferencia entre ambos animales respalda la hipótesis de que el T. rex podía regular su temperatura interna. Esto habría favorecido su resistencia, movilidad y capacidad para vivir en ambientes fríos.
Mantener un organismo activo también tiene un costo: requiere consumir más alimento. El hallazgo refuerza la imagen de un depredador que necesitaba desplazarse y cazar con frecuencia para sostener su metabolismo.






