En la costa de Guerrero existe una franja de aproximadamente 100 kilómetros que desde hace décadas llama la atención de los científicos.
Es conocida como la Brecha Sísmica de Guerrero, una zona ubicada aproximadamente entre Papanoa y Acapulco donde no se ha registrado un terremoto de magnitud 7.5 o superior desde hace más de 115 años.
La región forma parte de la zona de subducción mexicana, donde la placa de Cocos se introduce lentamente por debajo de la placa Norteamericana. Ese mismo proceso tectónico es responsable de buena parte de los grandes terremotos que ocurren frente a las costas del Pacífico mexicano.
El silencio de la Brecha de Guerrero ha generado dos grandes preguntas. Una posibilidad es que la energía esté acumulándose y eventualmente pueda producir un terremoto importante. Otra hipótesis plantea que parte de esa tensión podría estar liberándose de manera gradual mediante los llamados sismos lentos.
Estos movimientos son diferentes a un terremoto convencional. En lugar de liberar energía violentamente en cuestión de segundos, el desplazamiento puede ocurrir durante días, semanas o incluso meses y ser prácticamente imperceptible para la población.
Investigaciones realizadas mediante colaboración entre especialistas de México y Japón han permitido observar estos fenómenos dentro de la región. Sin embargo, los científicos todavía estudian hasta qué punto los sismos lentos pueden liberar suficiente tensión para modificar el riesgo de un terremoto mayor.
Eso significa que el largo silencio no permite predecir cuándo ocurrirá el próximo gran sismo, ni confirma que necesariamente se aproxima uno. Los terremotos no pueden pronosticarse con fecha, hora y magnitud.
Más que alimentar rumores, el misterio de la Brecha de Guerrero sirve para entender algo mucho más importante: México se encuentra en una región sísmicamente activa y la prevención sigue siendo la herramienta más útil disponible.






