Cada vez más viajeros recurren a herramientas de inteligencia artificial para explorar destinos, comparar alternativas y organizar sus vacaciones. Ese cambio está llevando a empresas tecnológicas y de viajes a buscar un espacio dentro de la planificación y las reservas.
El uso de estos asistentes puede empezar con una recomendación de hotel o una ruta sugerida, pero la compra suele concluir en una plataforma de reservas o en el sitio de una empresa turística.
Algunas compañías están creando acuerdos para que sus alojamientos y servicios aparezcan en conversaciones con asistentes de IA. Así intentan permanecer presentes cuando una persona pasa de buscar inspiración a decidir dónde reservar.
El reto será que las recomendaciones sean claras y comparables, y que los usuarios puedan distinguir una sugerencia de una oferta patrocinada. La tecnología puede simplificar la búsqueda, aunque todavía no reemplaza la verificación de precios, condiciones y disponibilidad.






