La nostalgia ha llegado para quedarse en el mercado del automóvil. Tiene mucho sentido, si lo pensamos fríamente. Estamos ante un momento histórico en la industria del automóvil. Los cambios regulatorios y una nueva tecnología que parece haber encarecido el precio medio de un coche para quitarle algunas capacidades ha hecho que muchos se sientan expulsados de esta «nueva movilidad».
La nostalgia aplicada al mercado del automóvil no es más que la redundancia de una constante de nuestra sociedad, animada a recordarnos constantemente que todo lo pasado fue mejor. Y no tiene por qué ser exactamente así pero los fabricantes han decidido entrar al juego. Si el comprador más habitual de un coche nuevo supera los 45 años y lo vivido entre los 15 y los 25 años lo consideramos como la mejor época de nuestra vida…
Solo hay que restar.
Por eso Renault ha resucitado al Renault 5, que dejó de fabricarse hace 40 años y fue parte esencial de la infancia de esos compradores que ya están bien entrados en los cuarenta. Los mismos compradores que tienen el poder adquisitivo para hacerse con esos coches. Le seguirá el Renault 4 y el Twingo.
Se trata de atraer al mercado del coche eléctrico a un público que necesita de estímulos y alicientes que apelen a sus sentimientos. Ford optó por una estrategia un poco más arriesgada: utilizar nombres míticos. Lo hizo con el Ford Mustang, al que le ha salido un hermano eléctrico.
Y lo ha hecho con el Ford Capri. Un coche que fue un icono de los 70 y gran parte de los 80. Resta, de nuevo, y comprueba a quiénes va dirigido un coche eléctrico llamado Ford Capri.






