Antes de los enormes parques industriales modernos, Puebla ya protagonizaba uno de los primeros grandes experimentos de mecanización del país.
El 7 de enero de 1835 comenzó la historia de La Constancia Mexicana.
El proyecto fue impulsado por el empresario Esteban de Antuñano en instalaciones ubicadas junto al río Atoyac.
La fábrica introdujo maquinaria moderna para la producción de textiles y aprovechó la fuerza hidráulica para mover sus equipos.
Su desarrollo ayudó a convertir la zona del Atoyac en un corredor industrial donde posteriormente aparecieron más fábricas textiles.
Para mediados del siglo XIX, Puebla ya concentraba una parte importante de la producción de telas de algodón del país.
La Constancia también modificó la vida de las comunidades cercanas, al generar empleos y atraer población alrededor de sus instalaciones.
Con el paso de las décadas, el antiguo complejo dejó de operar como fábrica y se transformó en un espacio cultural.
Hoy sus edificios permiten observar físicamente uno de los lugares donde comenzó la industrialización moderna de Puebla.






