15 de Abril 2026
Hasta el corte de la primera semana de abril de 2026, la entidad ya acumula cinco casos confirmados en humanos de gusano barrenador, uno en la capital y los otros cuatro en los municipios de Ayotoxco de Guerrero, Cuyoaco, Tehuacán y Chinantla.
En paralelo, también se registraron 221 casos en ganado y mascotas, además de su expansión en 37 municipios poblanos.
A nivel nacional, el padecimiento, causado por la mosca Cochliomyia hominivorax ya tiene presencia en al menos 12 estados del país, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud.
Casos en humanos: factores de riesgo claros
Aunque en Puebla los contagios en personas aún son limitados, forman parte de los 229 casos confirmados por miasis por Cochliomyia hominivorax.
El 46 por ciento de los pacientes reportó contacto con animales, principalmente caprinos y perros; sin embargo, el 54 por ciento no identificó una exposición directa, lo que apunta a heridas sin atención.
Además, el 68 por ciento de los casos se concentra en zonas rurales, frente a un 32 por ciento en áreas urbanas.
Animales en Puebla
Más allá de los casos humanos, la mayor carga de la enfermedad en Puebla se encuentra en animales.
De acuerdo con el Boletín Informativo de la Comisión México-Estados Unidos para la Prevención de la Fiebre Aftosa y otras Enfermedades Exóticas de los Animales (CPA), en su acumulado desde 2024, en total se han detectado 221 contagios de gusano barrenador en ganado y mascotas, con una alta concentración en el municipio de San Sebastián Tlacotepec, que acumula el 53 por ciento de los casos (117), seguido de Zoquitlán con el 7 por ciento (16).
Aun así, el gusano barrenador ya tiene presencia en 37 municipios del estado.
A nivel nacional, la situación es más amplia desde noviembre de 2024 y hasta febrero de 2026 se han acumulado 16 mil 489 casos en animales, principalmente en bovinos, caninos y porcinos.
Heridas abiertas, la principal puerta de entrada
La mayoría de los casos se originan en heridas abiertas, especialmente en el ombligo de crías recién nacidas, así como en lesiones provocadas por traumatismos, alambre de púas o peleas entre animales.
También se han documentado infestaciones derivadas de mordeduras, infecciones en la piel y prácticas como el marcaje o la castración.






