
23 de Septiembre 2025
El hombre al que millones llaman Apóstol de Jesucristo entró a la sala del tribunal con los tobillos encadenados y las muñecas sujetas por el frío metal de las esposas. Vestía el uniforme beige de los presos comunes. Aunque aún conservaba ese aire de predicador que alguna vez lo hizo amo y señor de púlpitos y estadios llenos, lo traicionaba la canicie. Esta se deslizaba por su cabeza calando sus huesos como un invierno ineludible. Ahí, frente a la jueza Loretta Preska, Naasón Joaquín García dijo con voz firme dos palabras que buscaron negar décadas de acusaciones: no culpable.

El líder de La Luz del Mundo no es ajeno a estas escenas. Desde 2019 carga con la marca de un arresto que cimbró a la congregación fundada por su abuelo en Guadalajara. En California, cumple una condena de 16 años por abuso sexual contra menores. Sin embargo, ahora el caso lo arrastra a la costa este de Estados Unidos. La Fiscalía de Nueva York le imputa seis cargos criminales, entre ellos tráfico sexual, crimen organizado y explotación infantil. Dicen los documentos judiciales que por años la iglesia no fue templo, sino máquina para reclutar y someter. En ese lugar, madres e hijas quedaron atrapadas en un engranaje perverso. Ese engranaje funcionaba para satisfacer los deseos de tres generaciones de líderes.
Afuera, en los comunicados de prensa, la iglesia insiste en otra narrativa. Hablan de persecución, de “campaña de difamación”, de fiscales coludidos con medios para manchar la fe de los fieles. Se victimizan por la detención de Eva García, madre del apóstol, y de un sobrino anciano. Niegan lo evidente: que en un cateo reciente, agentes hallaron en propiedades familiares dinero en efectivo, lingotes, relojes, joyas, lencería y juguetes sexuales. Objetos que, según las autoridades, no eran simples excentricidades, sino piezas de un rompecabezas que exhibe cómo se traficaba con cuerpos y almas.

En la sala, la audiencia apenas duró quince minutos. Bastó para que Naasón repitiera la estrategia de siempre: rechazar cada acusación y confiar en el blindaje de sus abogados. Ellos son los mismos que lo han seguido desde California hasta Brooklyn. El próximo encuentro con la justicia quedó fijado para el 15 de diciembre. En esa fecha volverá a escucharse el eco de su voz en el tribunal.
Mientras tanto, los seguidores de la Luz del Mundo siguen fieles, convencidos de que su guía es un mártir moderno. Muchos recuerdan las palabras de su infancia como promesas divinas. No aceptan que detrás del discurso de “salvación” pudo esconderse un sistema de abuso. Este fue heredado como un reino podrido.

El caso avanza y no promete clemencia. Los expedientes se apilan, las víctimas hablan, los fiscales suman pruebas. Pero el hombre que un día levantó los brazos como profeta ahora los baja encadenados, insistiendo que todo es mentira. Y quizá lo más doloroso es que, aún con los barrotes a la vista, hay quienes todavía lo llaman santo.






