La inteligencia artificial necesita espacios físicos con servidores, redes eléctricas y sistemas de enfriamiento que permitan procesar grandes volúmenes de información.
Por eso, la construcción de centros de datos ha generado debates en comunidades de Estados Unidos sobre el consumo local de agua y electricidad.
Las empresas tecnológicas presentan estos proyectos como parte de la infraestructura necesaria para sus servicios, mientras los habitantes preguntan qué beneficios y costos tendrán en sus localidades.
La expansión digital tiene una dimensión territorial: detrás de cada modelo hay instalaciones que compiten por energía, agua y espacio.






