Durante décadas, llevar un automóvil al taller significaba revisar aceite, bujías, filtros, correas, escape y decenas de componentes relacionados con un motor de combustión.
Los vehículos eléctricos están cambiando esa rutina porque utilizan una arquitectura mecánica mucho más sencilla y eliminan varios de los componentes que tradicionalmente generan mantenimiento.
Esto no significa que sean vehículos libres de servicio: neumáticos, suspensión, frenos, sistemas de climatización, electrónica y baterías continúan necesitando inspección.
Sin embargo, el tipo de trabajo está cambiando y los talleres tendrán que incorporar conocimientos de electrónica, software, sistemas de alto voltaje y diagnóstico de baterías.
La transición hacia el automóvil eléctrico no solamente está transformando las fábricas. También comienza a modificar toda la industria que durante décadas se desarrolló alrededor del mantenimiento del motor de gasolina.






