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27 de Enero 2026
Autoridades estatales señalaron que la Ley de Ciberasedio solo será reformada si existe una solicitud o pronunciamiento formal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, una postura que coloca el debate en el terreno constitucional y subraya el papel del máximo tribunal como árbitro en posibles controversias legales.
La definición ocurre en medio de discusiones públicas sobre el alcance de la norma, sus implicaciones para la libertad de expresión y los límites del Estado frente a conductas digitales.
El fondo del debate legal
La Ley de Ciberasedio fue concebida para atender conductas de hostigamiento en entornos digitales, una problemática creciente con impactos reales en la vida personal y social. Sin embargo, su redacción y aplicación han generado cuestionamientos sobre posibles excesos o ambigüedades, especialmente en lo que respecta a derechos fundamentales.
Condicionar su reforma a una intervención de la SCJN implica reconocer que el debate no es solo político, sino eminentemente constitucional.
La SCJN como filtro constitucional
En el diseño institucional mexicano, la Suprema Corte tiene la facultad de revisar la constitucionalidad de leyes cuando existen controversias o acciones de inconstitucionalidad. Esperar un pronunciamiento del máximo tribunal supone que cualquier ajuste a la norma se haría con base en criterios jurídicos y no únicamente en presiones políticas o mediáticas.
Esta postura busca dar certeza jurídica y evitar reformas precipitadas que puedan generar nuevos conflictos legales.
Equilibrio entre protección y derechos
El ciberasedio es una realidad que requiere atención del Estado, pero su regulación plantea un reto complejo: proteger a las víctimas sin vulnerar la libertad de expresión ni criminalizar conductas legítimas en el espacio digital. De ahí que el debate se centre en encontrar un equilibrio entre prevención, sanción y respeto a derechos.
La posible intervención de la SCJN permitiría clarificar ese equilibrio desde una perspectiva constitucional.
Lectura política de la postura
Desde el ámbito político, condicionar la reforma a la Corte también puede leerse como una forma de trasladar el debate a una instancia técnica, reduciendo el costo político de modificar o mantener la norma. Al mismo tiempo, refuerza la idea de que los cambios legales deben pasar por filtros institucionales sólidos.
Este enfoque refleja cautela ante un tema sensible y altamente visible en la opinión pública.
¿Por qué importa esta definición?
Importa porque define cómo y cuándo se ajustan las leyes en temas vinculados a derechos fundamentales. También muestra el peso que tiene la SCJN en la corrección de marcos legales que generan controversia social.
Además, marca un precedente sobre la relación entre los poderes Legislativo y Judicial en la revisión de normas recientes.
Impacto en la discusión pública
Mientras no exista un pronunciamiento de la Corte, la ley se mantiene vigente, lo que prolonga el debate entre colectivos, especialistas y actores políticos. La discusión pública seguirá girando en torno a la aplicación de la norma y a los casos concretos que puedan derivar en litigios.
Este escenario mantiene el tema en la agenda jurídica y mediática.
Lo que sigue
El siguiente paso dependerá de si se presentan acciones de inconstitucionalidad o controversias que lleven el caso a la SCJN. De ocurrir, el fallo del tribunal podría confirmar la validez de la ley, delimitar su alcance o abrir la puerta a reformas obligadas.
La postura de reformar la Ley de Ciberasedio solo a petición de la SCJN coloca el debate en el centro del sistema constitucional. Más que un cierre, es una pausa institucional que deja en manos del máximo tribunal la definición de los límites entre regulación digital, protección de personas y derechos fundamentales.






