Cuando pensamos en una cascada, imaginamos un río que cae desde una montaña. Sin embargo, la mayor cascada del planeta, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, está bajo el agua, en el estrecho de Dinamarca, entre Groenlandia e Islandia.
Allí se encuentran masas de agua con distintas temperaturas. El agua muy fría que llega desde los mares nórdicos es más densa que el agua relativamente cálida con la que se cruza. Por eso se hunde y continúa su recorrido sobre un enorme desnivel del fondo marino. Ese flujo descendente forma una cascada submarina.
La caída supera los tres kilómetros y mueve una cantidad gigantesca de agua cada segundo. No produce la escena de espuma y roca que asociamos con una catarata terrestre: ocurre a gran profundidad y su movimiento se estudia con instrumentos científicos.
El fenómeno también recuerda que el océano tiene un relieve propio, con pendientes y desniveles capaces de dirigir corrientes. Sobre la superficie puede parecer que no sucede nada extraordinario. Muy por debajo, una inmensa masa de agua está cayendo sin que podamos verla.







