Autoridades valoran acciones para conservar el sitio y abrirlo con fines culturales.

30 de Julio 2025
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) solicitó al gobierno de Puebla establecer una separación física entre los Lavaderos de Almoloya y el hotel colindante Banyan Tree. Esta medida es tomada como parte de las condiciones para permitir una nueva intervención de este espacio histórico. Además, el llamado busca asegurar que su operación quede a cargo de la administración pública.
Manuel Villarruel Vázquez, director del Centro INAH Puebla, confirmó que el gobierno estatal mantiene diálogo con empresas propietarias de inmuebles cercanos al monumento. El sitio se encuentra cerrado desde junio de 2022 . Esto se debe a daños sufridos tras una etapa en que funcionó como parte de un bar exclusivo del extinto hotel Rosewood.
Según el funcionario, el fideicomiso creado para proteger el inmueble histórico de San Francisco sigue vigente. El predio de los Lavaderos forma parte de esa figura legal. Por ello, el gobierno estatal actúa como garante del espacio y coordina con el INAH las posibles acciones de conservación.
Villarruel recalcó que no existe aún un proyecto definitivo. Sin embargo, se han abierto mesas de trabajo para definir los alcances de la intervención. En este contexto, el gobierno de Puebla trabaja con la Secretaría de Turismo y el Centro INAH para evaluar el estado físico del lugar y estimar la inversión requerida.
Por otro lado, José Luis García Parra, coordinador del Gabinete estatal, señaló que los estudios en curso permitirán proyectar su restauración y uso con fines culturales. Actualmente, el lugar se encuentra bajo resguardo de la Secretaría de Cultura, con horarios limitados para visitas.
Los Lavaderos de Almoloya fueron concesionados por 17 años. Su apertura al público ocurrió brevemente en 2022. Se suspendió nuevamente tras detectarse riesgos estructurales y obras no autorizadas.
El sitio forma parte de la memoria urbana de Puebla desde el siglo XVIII, según registros documentales. Con más de 90 lavaderos de piedra volcánica, el lugar tiene origen en antiguos manantiales y sistemas hidráulicos conocidos como “ojos de agua”. Estos fueron mencionados desde el siglo XVII y están relacionados con prácticas cotidianas y laborales de la ciudad.






