En el estado de Meghalaya, India, algunos puentes no se levantan colocando piezas terminadas. Las comunidades khasi los forman guiando las raíces de árboles del género Ficus hasta que se entrelazan y crean una estructura capaz de conectar dos orillas.
El proceso exige paciencia. Las raíces deben conducirse, nutrirse y mantenerse mientras crecen. Con el tiempo, el puente se convierte en una vía de paso para llegar a campos, mercados y otros puntos de la comunidad, incluso en una región donde las lluvias pueden dificultar los desplazamientos.
Su construcción tampoco concluye en una sola generación. El conocimiento se transmite y el cuidado continúa mientras el árbol permanece vivo. Por eso estos puentes muestran tanto una solución práctica como una relación prolongada entre las personas y el entorno.
El paisaje cultural de los puentes de raíces vivas, conocidos localmente como Jingkieng Jri, figura en la lista indicativa de India ante la UNESCO. Esa condición reconoce su propuesta para una posible candidatura, pero no significa que ya estén inscritos como Patrimonio Mundial. Lo sorprendente sigue estando a la vista: son caminos que se forman con árboles y continúan creciendo mientras la gente los utiliza.







