Hay personas dispuestas a esperar una hora por una galleta, varias horas por un postre y, en algunos casos extremos, hasta 24 horas por una papa.
Las filas virales se han convertido en una estrategia inesperada para restaurantes y cafeterías que consiguen convertirse en tendencia en TikTok o Instagram.
Cuando un creador publica un producto llamativo y el video comienza a circular, cientos de personas pueden acudir al mismo establecimiento en cuestión de días.
Para algunos negocios, el fenómeno significa ventas, publicidad gratuita y una oportunidad de convertirse rápidamente en una marca conocida.
Pero también existe una cara complicada: personal saturado, clientes frustrados, problemas con vecinos y una presión enorme por mantener expectativas creadas en redes sociales.
En algunos casos, la fila ya no es únicamente una consecuencia del éxito: termina convirtiéndose en parte de la experiencia que las propias personas quieren grabar y compartir.







