
2 de Diciembre 2025
Durante décadas, el nombre de Gaétan Dugas, un auxiliar de vuelo francocanadiense, quedó marcado en la historia del VIH/SIDA. Se le consideraba el supuesto responsable de llevar el virus a Estados Unidos. Sin embargo, con el tiempo, investigaciones científicas y análisis históricos han demostrado que aquella narrativa no solo fue incorrecta, sino profundamente injusta.
Dugas trabajaba como sobrecargo en una aerolínea canadiense y, como muchos jóvenes de la época, llevaba una vida social activa. A inicios de los años ochenta comenzó a presentar síntomas relacionados con lo que entonces era un misterioso síndrome. Este afectaba principalmente a hombres homosexuales. Cuando epidemiólogos estadounidenses empezaron a rastrear casos, colocaron a Dugas en un diagrama como “Patient O” —por “Out-of-California”—, es decir, un caso proveniente de fuera del estado. Con el tiempo, la letra “O” fue interpretada como el número “0”, generando la idea de un origen humano individual de la epidemia.
Esa confusión, alimentada luego por libros y medios sensacionalistas, convirtió a Dugas en el presunto “paciente cero”. Este estigma lo señaló injustamente como el detonante de la crisis sanitaria. No solo carecía de fundamento científico, sino que ignora que el VIH ya circulaba en Norteamérica años antes de que Dugas siquiera mostrara síntomas.
Estudios genéticos realizados décadas más tarde demostraron que el virus había llegado a Estados Unidos a finales de los años setenta. Probablemente fue desde el Caribe, y múltiples cadenas de contagio se desarrollaron simultáneamente. Dugas simplemente fue uno de los muchos casos tempranos, no el origen.
A la luz de estos hallazgos, su historia se resignifica: no como la de un “propagador”, sino como la de un hombre que también enfermó. Sufrió discriminación y quedó atrapado en una narrativa que buscaba culpables en lugar de comprender una epidemia compleja.
Hoy, especialistas subrayan la importancia de desmontar mitos como este, pues perpetúan estigmas que obstaculizan la prevención, el diagnóstico y la atención del VIH. La verdadera lección es que las epidemias no tienen un rostro ni un único inicio. Surgen de procesos sociales, biológicos y estructurales que van mucho más allá de una persona.






